Me hizo un catalejo con el horizonte del cielo.Había demasiado azul para mirar en exclusiva.Busqué con el lente lleno de estrellas, sus pupilas.
Me encandiló la profundidad de su mirada. Le arranqué los ojos para hacerlos rodar en el túnel del tiempo, en un gesto inútil para recuperar la sombra de la cordura.
Ahora, lleno las cuencas vacías de su rostro con trozos de caramelos, quiero regalarle un futuro de cuento de niños en que existan asilos de ancianos construídos con galletas de vainilla.
Recojo el telescopio (ese que me construyó con soplidos de sonrisas y patas largas de telarañas de sueños) lo despliego... jamás necesité que me llenaran la vida con ilusiones fáciles de digerir.
Se hizo de una ceguera permanente, sentado en el corredor tapizado de baldosas-de-chocolate intenta doblar el horizonte del cielo mientras lamo sus pies y cuido, loca (loca) de su vejez.
(A C.Ardohain, por incentivarme a través de su obra a crear)
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Ciudadana del mundo, publicista, gestora cultural, aprendiz de poeta.
Una mujer más siendo la vecina de la puerta de al lado.
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Mundos Paralelos
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